Una alternativa para encontrar los “tratamientos novedosos de los formatos comunicacionales” que queremos definir, puede ser construida a partir de la búsqueda de referencias en la historia de la divulgación científica en otras sociedades, en sus métodos, sus políticas y los formatos que han desarrollado o adoptado, pues si bien es cierto que el tercer mundo es pobre también a estos respectos, también es un hecho que la producción y la difusión de la ciencia y la cultura en muchos países del primer mundo, han alcanzado niveles verdaderamente efectivos, atractivos, inteligentes, y con un gran valor cultural y educativo.
Así, llevando a cabo un análisis comparativo a profundidad sobre la realización de productos comunicacionales para la divulgación de la ciencia entre México y , en este caso, la sociedad canadiense, (ya que ellos han sido punta de lanza en el tema desde los comienzos de la explosión mediática a mediados del siglo pasado), será posible esbozar dicho mapa referencial que marque referencias para la sociedad mexicana.
Entonces, a partir de la investigación a profundidad sobre la realidad actual e histórica de la divulgación científica en México, y con su referencia a la producción canadiense, pretendo ser capaz de definir claramente:
- las rutas y los conceptos creativos, de producción y narrativos, que han marcado la evolución del formato de comunicación en cuestión
- la fórmula que idealmente puede adaptarse a la realidad social y cultural tanto del aparato de producción de comunicación de las comunidades científicas, como de nuestra sociedad y sus hábitos culturales
- los temas relevantes de la historia de la divulgación científica en nuestro país
- los temas que culturalmente representan un interés a nuestra comunidad y que pueden eficaces, en el sentido de ser aplicados a la vida cotidiana.
Como resultado de la investigación, los esquemas que teóricamente se adaptarán a la realidad de nuestro país, deberán materializarse para efecto de ser llevados a la práctica, mediante la realización de un programa documental con cualquiera de éstos los posibles temas:
- la producción y difusión de conocimiento científico en México del Siglo XX.
- temas actuales sobre la ciencia en México, aplicados a la vida real
- historia de la divulgación científica

1 comentario:
Eduardo
De nuevo falta la cita formal de la universidad canadiense . . .
¿Si me explico?
Te anexo un ejemplo de un documento que trae atadas las referencias:
Conceptualización y Contextualización de la Divulgación de la Ciencia
1.- Sentido social de la ciencia:
La ciencia y la democracia comparten mucha historia. Tienen mucho en común. Ambas dependen de la libertad de pensamiento y de la libertad de expresión. No atribuyen ningún peso a los argumentos de autoridad. Nada se convierte en cierto por el simple hecho de que alguien con poder lo afirme así. El libre intercambio de ideas constituye el alma de ambos sistemas (1).
Diversos elementos indican que están sucediendo cambios muy profundos en cuanto a la naturaleza y el papel de la actividad científica en las sociedades desarrolladas. Estas transformaciones tienen muchas consecuencias sobre el lugar de la ciencia en la ciudad, especialmente si topamos la palabra ¨lugar¨ en el sentido estricto, es decir, geográfico. Para poder reflexionar sobre los lazos a largo plazo entre la política de organización del territorio y la política científica, conviene hacer primero un balance de esas evoluciones (2).
2.- ¿Qué es divulgación de la ciencia?. Diferencias entre divulgación, difusión y popularización.
Divulgar la ciencia es propagarla, publicarla, extenderla, ponerla al alcance del público. Difundir la ciencia es también el efecto de extenderla, derramarla. No obstante, aunque pudiera parecer un sinónimo de divulgar, difundir la ciencia es considerada una acción dirigida a los pares, es decir un científico difunde su conocimiento a otro científico, mientras que un divulgador enfoca sus explicaciones, narraciones y propósitos al gran público.
La acepción de popularizar a la ciencia o hacerla popular, puede ser interpretada como sinónimo de divulgar, pero más frecuentemente, puede implicar una traición de significados, por descuido o negligencia del popularizador que opera en contra de la idea exitosa de divulgar y puede explicar la adopción de la imagen del científico locuaz como la que el imaginario colectivo tiene del Dr. Frankenstein o del Sr. Jekyll. Sin embargo Ann Druyan1 hace una defensa de la acción de popularizar a la ciencia con una base democrática.
Mario Albornoz, director del Centro Redes, y experto en temas de gestión de la ciencia y la tecnología, nos cuenta el estado de la divulgación en un país latinoamericano como Argentina:
Los países desarrollados hace tiempo que advirtieron que la divulgación es una pata importante de los sistemas de ciencia, tecnología e innovación. En el Reino Unido de Gran Bretaña por ejemplo, ocupan apartados específicos dentro de los programas de financiamiento, donde los postulantes deben explicar y fundamentar cómo harán para que el conocimiento generado llegue a la sociedad.
En nuestro país, en cambio, la divulgación científica es una práctica todavía incipiente y hasta inexistente en algunos sectores.
El problema cobra su real dimensión cuando entendemos que la llamada “sociedad del conocimiento” no es una utopía futurística sino una realidad y un desafío del presente.
3.- Estrategias de divulgación.
La estrategias de divulgación son tantas como la imaginación lo permita. La condición es que las propuestas estén referidas a la cultura, que tengan relación con el arte, la política y los usos y costumbres del lugar en cuestión. Frecuentemente implican el aspecto mediático; radio, televisión, prensa escrita y electrónica, museos interactivos, boletines, etc., etc.
4.- Políticas públicas de divulgación.
Pocos países adoptan políticas científicas y de los que lo hacen menos las aplican y apoyan de manera efectiva. Los países que lo hacen, resultan beneficiados socialmente al mediano plazo. Ejemplos recientes de lo anterior son Corea, que desde 1970 empezó a dedicar recursos importantes de su producto interno bruto (PIB) y 30 años después de mantener esa política sostenida y creciente podemos ver los resultados como país desarrollado. España, a partir de los años setentas, inicio un camino similar con resultados visibles en su europización. Suecia es el mejor ejemplo. Su visión de privilegiar el conocimiento científico dedicando 3.6 % anual de su PIB lo hace un país desarrollado y respetuoso de la dignidad personal y del medio ambiente con indices per capita altos. En contraste nuestro país, no obstante de que cuenta con un organismo específico para las actividades científicas y tecnológicas, sólo ha dedicado el 0,35 % de su PIB en los últimos decenios. Los efectos de lo anterior están a la vista (3).
REFERENCIAS
1 Druyan Ann. Capitulo 12: ¿Hay que popularizar la ciencia?. En, El Universo de Carl Sagan. Cambridge. 1997.
2 Texto redactado en el marco de un estudio colectivo financiado por la Delegación para la Organización del Territorio. Tomado del capítulo VI. LA CIENCIA EN LA CIUDAD del libro La Piedra de Toque, La Ciencia a Prueba de Jean-Marc Lévy-Leblond. Ciencia y Tecnología. Fondo de Cultura Económica. 2004.
Se recomienda la lectura completa de estos capítulos.
3.- OECD Observer. 2005/Supplement 1. OECD in Figures. STATISTICS ON THE MEMBER COUNTRIES. Agriculture and Food. Development. Education and Skills. Employment. Energy. Enterprise, Industry and Services. Environment. Finance and Investment. General Economics. Health. Insurance and Pensions. International Migration. National Accounts. Nuclear Energy. Science and. Information Technology. Sustainable Development. Taxation. Territorial Economy. Trade. Transport.
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