jueves, 25 de enero de 2007

D) METODOLOGÍA (Descripción y Propuesta narrativa)

Para que la divulgación de la ciencia en cualquiera de sus formatos cumpla con sus objetivos, debe observar tres momentos: la descripción de un hecho o conocimiento específico en cuestión, su documentación y la demostración experimental de fenómeno.
En la serie documental que proponemos, estos momentos serán desarrollados de la siguiente manera:
a) Descripción:
b) Documentación:
Profundisaremos en los conocimietnos expuestos por medio de interesantes charlas con los científicos más destacados en México, pero además mediante la vinculación de dicho conocimiento con las experiencias personales y las anécdotas de nuestros personajes, enriqueceremos el sentido e interés que éste pueda significar para el televidente:
El mundo de las matemáticas y el jazz interpretado por el doctor Ignagio Varela, la contracultura y las Ciencias Sociales con Rosana Reguillo y la biología...... de Antonio Lazcano, la astrofísica,
c) Demostración:
La vida cotidiana de una familia mexicana llena de "dichos" y creencias aparentemente supersticiosas y locales, dan pie a la exposición de los descubrimientos que marcaron el rumbo de la ciencia mexicana de los últimos años.

C) OBJETIVOS

- Documentar los descubrimientos y conocimientos generados por los científicos mexicanos durante el Siglo XX.
- Conocer en el plano laboral, académico y personal a los científicos más destacados durante este período.
- Por medio de las experiencias de los entrevistados, y de la vinculación del conocimiento científico con la vida real, hacer de la ciencia un tema significativo y entretenido para un público general.

B) JUSTIFICACIÓN

Históricamente en los países “en vías de desarrollo” la divulgación de la ciencia no ha sido una prioridad para las instituciones oficiales, la iniciativa privada, y mucho menos para la población general quien por su educación exacerbadamente elemental, no identifica sentidos prácticos y razones objetivas en la vida real para procurarse un acercamiento con el mundo del conocimiento de esta naturaleza. El boom del género documental que explotó en todo el mundo hace más de 10 años ya impulsado por la revolución de la televisión por cable, es hora que todavía no hace sentir sus efectos de forma significativa en nuestro país, sobre todo en lo que se refiere a cuestiones de realización.
Por un lado ésta parcial divulgación científica es resultado de intereses y posturas de quienes los crean (de igual forma que la producción misma del conocimiento), lo cual significa que responden a criterios corporativos y estratégicos, más que a los educativos. Así, los formatos que se han utilizado para la consecución de los objetivos de la divulgación de la ciencia, no están sustentados en los hábitos culturales de nuestro pueblo, sino que también responden a las necesidades, expectativas o prejuicios de quienes encargan su realización, o a los consumos de bienes y servicios que intentan promover.
La consecuencia de estos factores: una educación precaria del pueblo, una incapacidad o cerrazón por parte de la academia para divulgar la ciencia, y una difusión con muchas carencias del material producido, tiene como resultado final el hecho de que en México la población general muestre una relación muy pobre, inexistente en la mayoría de los casos, con el conocimiento que genera en su propia comunidad.
Es por todos estos motivos que la creación de un documento videográfico que hable de la ciencia creada por científicos mexicanos, que presente la información de manera comprensible y entretenida para un público razonablemente generalizado, es de gran importancia. Creemos que informar sobre la ciencia creada en México, y que hacer que estos conocimientos tengan un sentido y un valor para los propios mexicanos, es un esfuerzo que debe lograrse.

A) RESUMEN EJECUTIVO

Producción de media temporada de documentales de divulgación científica (6 capítulos de 30 minutos cada uno), con el tema del conocimiento generado durante el siglo XX en México en las áreas de: Astrofísica, Matemáticas, Ciencias sociales y Biología, por medio de entrevistas que realizará el Doctor Alfonso Islas a los más grandes representantes de la ciencia y la academia en nuestro país.
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Alfonso Enrique Islas Rodríguez es Doctor en Ciencias Biomédicas por la Universidad Nacional Autónoma de México y es profesor e investigador titular C de la Universidad de Guadalajara, profesor del postgrado en Ciencias Biomédicas CUCS, CUCBA, con registro en el Padrón de Excelencia del CONACyT, y profesor de la Maestría en Comunicación de la Ciencia y la Cultura del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), con registro en el Padrón de Excelencia del CONACyT. Fue miembro del Sistema Nacional de Investigadores de 1985 a 1997, y ha publicado más de 25 artículos científicos en revistas nacionales e internacionales. En 1994 y 1995 fue jefe del Departamento de Biología Celular y Molecular; de 1995 a 1998 fue Director de la División de Ciencias Biológicas, y de 1998 al 2000 funjió como Jefe de Investigación y Postgrado de la U. de G. El maestro ha sido columnista de los diarios "Siglo 21" (1993), "El Occidental" (1995-2000), "Mural" del Grupo Reforma (2000 a la fecha), y además ha publicado en diversas revistas culturales como Complot, Tragaluz, Replicante, Luvina y recientemente en otras publicaciones académicas como Renglones, del ITESO.

5. Propuesta a una universidad canadiense

Una alternativa para encontrar los “tratamientos novedosos de los formatos comunicacionales” que queremos definir, puede ser construida a partir de la búsqueda de referencias en la historia de la divulgación científica en otras sociedades, en sus métodos, sus políticas y los formatos que han desarrollado o adoptado, pues si bien es cierto que el tercer mundo es pobre también a estos respectos, también es un hecho que la producción y la difusión de la ciencia y la cultura en muchos países del primer mundo, han alcanzado niveles verdaderamente efectivos, atractivos, inteligentes, y con un gran valor cultural y educativo.

Así, llevando a cabo un análisis comparativo a profundidad sobre la realización de productos comunicacionales para la divulgación de la ciencia entre México y , en este caso, la sociedad canadiense, (ya que ellos han sido punta de lanza en el tema desde los comienzos de la explosión mediática a mediados del siglo pasado), será posible esbozar dicho mapa referencial que marque referencias para la sociedad mexicana.

Entonces, a partir de la investigación a profundidad sobre la realidad actual e histórica de la divulgación científica en México, y con su referencia a la producción canadiense, pretendo ser capaz de definir claramente:
- las rutas y los conceptos creativos, de producción y narrativos, que han marcado la evolución del formato de comunicación en cuestión
- la fórmula que idealmente puede adaptarse a la realidad social y cultural tanto del aparato de producción de comunicación de las comunidades científicas, como de nuestra sociedad y sus hábitos culturales
- los temas relevantes de la historia de la divulgación científica en nuestro país
- los temas que culturalmente representan un interés a nuestra comunidad y que pueden eficaces, en el sentido de ser aplicados a la vida cotidiana.

Como resultado de la investigación, los esquemas que teóricamente se adaptarán a la realidad de nuestro país, deberán materializarse para efecto de ser llevados a la práctica, mediante la realización de un programa documental con cualquiera de éstos los posibles temas:

- la producción y difusión de conocimiento científico en México del Siglo XX.
- temas actuales sobre la ciencia en México, aplicados a la vida real
- historia de la divulgación científica

4. Género documental como alternativa de solución

A partir de los antecedentes que hemos planteado en las primeras secciones de este sitio, la hipótesis que da origen al presente proyecto es la de que podemos encontrar en el género del video documental un medio de naturaleza accesible e interesante para despertar de manera efectiva el interés por la ciencia, más que ningún otro medio, yreplantear así la manera en la que los mexicanos nos vinculamos con el conocimiento para darle algún uso o sentido en nuestra vida de todos los días, ya de manera práctica, o ya cuando menos como un esquema filosófico para entender e interpretar la realidad que nos rodea.

Hagamos entonces un recuento de los conceptos básicos que nos permiten llegar a tal afirmación. Por un lado, las técnicas audiovisuales en general, y el formato de cine documental en lo particular, desde sus primeros orígenes han mostrado el quehacer cultural del mundo, y ha sido el mismo desarrollo cuantitativo y cualitativo del descubrimiento científico, el que dio las pautas para su nacimiento. Desde las “cámaras oscuras” del renacimiento hasta el cine, pasando por la fotografía a la que se llamó “retina del científico”, la imagen en movimiento que documenta y explica, ha acompañado tanto a la investigación como a la divulgación del conocimiento. Ahí está su origen mismo, como lo afirmara Jean Vivié al aclarar que “el cine científico nació aún antes que el cine de espectáculo”[1], a pesar del avasallador éxito de uno frente a lo limitado del otro, en lo que se refiere al gusto popular.

Frente a los medios impresos o la enseñanza científica en cualquiera de sus métodos y técnicas didácticas (lecciones orales, ejercitación, seminarios, laboratorios experimentales, salas de anatomía, presentación de casos clínicos, etc.), los medios audiovisuales en general, el género documental en particular, tienen la gran ventaja de mostrar de la manera más accesible y clara posible con tres elementos constitutivos de la divulgación de la ciencia: la descripción del hecho en cuestión, la documentación, y la demostración experimental de fenómeno.

Otro de los aspectos interesantes de la televisión y de su formato documental, es su carácter de vehículo de educación natural. Al igual que la familia y la sociedad, los medios masivos completan la formación del individuo. La asimilación de ideas, conceptos, información o motivaciones de lo más variado se hace como su nombre indica: de manera natural. Razón por lo que la televisión representa una de las mejores alternativas para la educación formal. Desde luego que el transmitir clases académicas a simples noticieros científicos a través de estos medios no conlleva una educación natural. El reto es cómo transmitir la gran riqueza que representa el conocimiento científico de manera divertida y sencilla, de nuevo planteamos cómo hacer ello del espectáculo.

Pero el factor más importante a considerar en la propuesta de fomentar el video documental como un medio más efectivo para acercar a la población general a los temas de la divulgación de la ciencia, es el de que se inserta con sus características propias, de una manera más profunda (por estar más arraigada) en las estructuras tradicionales de consumo cultural de nuestro pueblo. En este sentido no sólo es más efectivo por las etapas evolutivas de un progreso técnico que lleva inherentes a su naturaleza (niveles cualitativos de la producción, y claridad y disponibilidad de recursos creativos y narrativos) sino que principalmente es resultado de inercias sociales, hábitos y actitudes sicológicas que han establecido un profundo vínculo entre el mexicano y la televisión. Nadie podrá negar que el medio con más penetración en la sociedad mexicana es precisamente éste, y que dentro de la televisión el formato representativo para informar a profundidad, despertando el interés de la gente, es el documental. Especialmente ahora que los sistemas de televisión por cable han logrado una penetración tremenda a todos los niveles de la sociedad mexicana, y que en su oferta, más rica que los formatos tradicionales de la televisión abierta, incluye este género como uno de sus platos fuertes más interesantes. El éxito de la versión latinoamericana del Discovery Network con toda su cadena de canales especializados en la temática expuesta, son un buen ejemplo del grado de interés que pueden llegar a despertar en nuestro pueblo.

La situación de los mexicanos no es que no nos interese conocer. Por el contrario hemos sido desde siempre subestimados por los grandes imperios mediáticos y han sido ellos quienes han marcado la pauta de nuestra tendencia a la ignorancia y la falta de interés, pero eso no significa de manera alguna que cuando contamos con los medios, no hagamos algo al respecto. Si bien en nuestro país existe la capacidad y el interés para producir conocimiento, si bien el ingenio mexicano ha marcado importantes pautas en la historia del desarrollo de las ciencias, también el pueblo que comparte esa misma naturaleza que debe ser encausada, puede redescubrir nuevos sentidos en el conocimiento aplicado a su vida cotidiana. Es sólo una cuestión de darnos una oportunidad, y de comenzar a hablar de cosas que en verdad sean de nuestro interés y para nuestro crecimiento como sociedad.

[1] TOSI, Virgilio. Cinematografía científica y medios audiovisuales para la investigación, la información y la enseñanza de las ciencias. En “Filmoteca” No. 2. UNAM. México. 1981

3. Contextualización del tema de investigación

Históricamente en los países del tercer mundo –y aún en los que están “en vías de desarrollo”- la divulgación de la ciencia no ha sido una prioridad para las instituciones oficiales o la iniciativa privada, y mucho menos para la población general quien por su educación exacerbadamente elemental, no identifica sentidos prácticos y razones objetivas en la vida real para procurarse un acercamiento con el mundo del conocimiento de esta naturaleza. El boom de esta especificación de género documental que explotó en todo el mundo hace más de 10 años ya, impulsado por la revolución de la televisión por cable, es hora todavía que no hace sentir sus efectos de forma significativa en nuestro país, sobre todo en lo que se refiere a cuestiones de realización.
Por un lado ésta parcial divulgación científica cuenta con medios de comunicación muy básicos en cuanto a su forma, con poca difusión y en la gran mayoría de los casos, que son el resultado de intereses y posturas de quienes los crean (de igual forma que la producción misma del conocimiento), lo cual significa que responden a criterios corporativos y estratégicos, más que a los educativos o culturales. Por esta razón, a pesar de la efectiva riqueza de generación de conocimiento científico en México y de que efectivamente existan los esfuerzos por divulgarlos, la mayor parte de este material ha quedado enlatado y ha sido muy poco difundido. Así, la referencia para establecer un vínculo entre la ciencia y la comunidad a quienes va dirigida, está también determinada por la lógica del mercado, o los rígidos intereses más académicos que sociales por parte de las comunidades científicas.

Por el otro lado, los formatos que se han utilizado para la consecución de los objetivos de la divulgación de la ciencia, no están sustentados en los hábitos culturales de nuestro pueblo, sino que también responden a las necesidades, expectativas o prejuicios de quienes encargan su realización, o a los consumos de bienes y servicios que intentan promover.

La consecuencia de estos factores: una educación precaria del pueblo, una incapacidad o cerrazón por parte de la academia para divulgar la ciencia, y una difusión con muchas carencias del material producido, tiene como resultado final el hecho de que en México la población general muestre una relación muy pobre, inexistente en la mayoría de los casos, con el conocimiento que genera en su propia comunidad.

Las implicaciones del problema.
El mero hecho de preguntarnos sobre si debemos o no popularizar la ciencia, es un “trático interrogante, sintomático de una peligrosa enfermedad que nuestra civilización comenzó a padecer poco después de su nacimiento”[1], que ahora es más vigente que nunca y se pone de manifiesto en los problemas de la limitada comunicación y divulgación de la ciencia no sólo en México sino en casi la totalidad de los países del tercer mundo.

La esencia del concepto se ha desvirtuado. En su origen, esta relación de la gente con el conocimiento científico fue natural y positiva, los primeros científicos conocidos fueron hombres regulares que trabajaban la tierra y llenos de curiosidad se ensuciaban las manos para tratar de entender a la naturaleza que les rodeaba. “No se consideraban a sí mismos como miembros selectos de un sacerdocio científico apartado del resto”[2]. Desgraciadamente esta postura duró poco, y la ciencia se convirtió en propiedad exclusiva de gente en las esferas privilegiadas, ya que pronto descubrieron el poder del conocimiento. A partir de entonces hemos estado divididos entre unos pocos afortunados dedicados a la ciencia, los elegidos capaces de conocer la belleza y el encanto de la naturaleza, y el resto de los legos ignorantes, que por alguna razón no somos adecuados para acceder a esa información. Esta posición epistemológica en la que los sujetos nos perdemos en la gran maquinaria institucional ha marcado la manera de generar conocimiento, y más allá de eso, ha determinado el hecho de que se haya o no dado a conocer.

El caso de México no es la excepción respecto de la problemática planteada. Somos un país en el que durante mucho tiempo las comunidades científicas y académicas estuvieron muy comprometidas con los grupos que detentan el poder, y que al compartir sus intereses en cuanto a la generación y difusión de conocimiento, marcaron una línea casi infranqueable con las masas, concibiendo a la ciencia, para ambos niveles, como algo completamente alejado de la actividad humana. Se subestimó la capacidad del pueblo, se les creyó ignorantes y desinteresados. Se les habó en códigos complejos y de temas a niveles muy abstractos o teóricos lejanos a su vida de todos los días. Y la gente, como en la democracia negada, no ha expresado nunca su opinión porque simplemente no sabe de qué se estaba hablando y por lo tanto, no existe una razón real por la cual deban procurar en su vida el utilitarismo o el goce intelectual de comprender al mundo que nos rodea.

La alternativa de solución.
En aras de la democracia, la cultura, la educación y la necesidad de mejorar la calidad de vida de nuestro pueblo, esta situación debe ser replanteada. La tarea es buscar los medios para promover una evolución de la comunicación pública y la divulgación de la ciencia, en el sentido de establecer relaciones efectivas y prácticas entre el ciudadano promedio y el mundo del conocimiento científico. El objetivo general que oriente la tarea aquí planteada, debe ser el procurar una transformación de las maneras, los usos y los hábitos, que tiene el pueblo mexicano para relacionarse con esta naturaleza del saber.

Sin embargo y contrariamente a las posturas que apuestan en su discurso por un supuesto “progreso”, también alejadas de nuestra realidad, el hacerlo no puede estar sustentado en la búsqueda de nuevos medios, más sofisticados y elaborados, a los cuales por nuestras condiciones culturales y sociales por demás básicas, tenemos un acceso muy restringido.[3]
Por el contrario, la propuesta que ahora tratamos de esbozar, pretende dar respuestas en el sentido de la redefinición novedosa de formatos comunicacionales que los públicos en general tienen ya bien incorporados, los que ya conoce, con los que históricamente ha establecido una relación cercana, íntima e importante, lo cual tendía como resultado, de forma exclusiva, la posibilidad de establecer un vínculo verdadero entre quien produce ciencia, y quien debería hacer uso de ella.
Si analizamos el tiempo que dedicamos al esparcimiento, veremos que los medios masivos de comunicación acaparan casi en su totalidad el tiempo libre. La información que se recibe a través de la televisión, del cine y del radio es por lo general una información fragmentada y sin significados, sin análisis, fútil, y que muere una tras otra al poco rato de emitirse. Este ritmo vertiginoso de producción de información y el tipo de contenidos, producen en el espectador un cierto grado de hipnosis, de comodidad y de adormilamiento y lo que es más grave aún, va condicionando poco a poco la manera de conocer, de saber y de creer de los individuos; es decir, va conformando una sociedad para la cual el sentido de realidad está en las formas utilizadas por los medios.

Cuando se presentan programas diferentes, ya sea con otro tipo de información o manejando ritmos más lentos adecuados para dar tiempo a la participación conciente y analítica del espectador, pueden caer en lo que se siente como irreal, distante y en lo que se considera frecuentemente cansado. Y este es precisamente el caso de la comunicación para la divulgación científica, cuando menos en nuestro país y en nuestro momento histórico.

A causa de su misma naturaleza racional, el conocimiento científico requiere de la participación conciente del espectador para ejercer el análisis, establecer relaciones y descubrir no sólo el mundo de conocimientos que se le presenta, sino su propia emoción por conocer. Emoción ligada al conocimiento y a la belleza y de manera alguna, a la explotación de las pasiones humanas que es el recurso fácil que se utiliza tradicionalmente en los medios de comunicación.

Al salirse de los esquemas “normales” en la comunicación, la difusión del conocimiento científico plantea un rompimiento con la “educación” que ha tenido el espectador durante miles de horas de entrenamiento a lo largo de su vida.

Enfrentamiento, rompimiento o novedad que al presentarse pudiera convertirse, sin embargo, en atracción. Eh aquí nuestro dilema: “cómo mantener una atención e interés iniciales provocados por la misma diferencia, que se desarrolle para dar lugar finalmente a una emoción. En otras palabras, nos estamos preguntando cómo hacer de la comunicación de la ciencia todo un espectáculo que conduzca a través de la vista, el oído o ambos, a una contemplación intelectual que “mueva el ánimo infundiéndole deleite y asombro”[4]

Toda transmisión o comunicación implica la utilización de un medio cuya expresión le da en un lenguaje propio, y de aquello que se quiere comunicar cuya expresión se manifiesta a través de otro lenguaje. Para lograr la comunicación es necesario hacer una traducción del lenguaje de los contenidos al lenguaje del medio utilizado cuyo código sea familiar al espectador. Y éste es el segundo gran problema en la difusión de la ciencia. No sólo su naturaleza es diferente a la de los contenidos usuales en los medios, sino también lo es su lenguaje. Entender y manejar estos dos lenguajes es fundamental para lograr primero una buena traducción y de aquí partir para realizar un espectáculo.

[1] DRUYAN ANN. ¿Hay que popularizar la ciencia?, en “El Universo de Carl Sagan”. Yervant Tercian y Elizabeth Bilson. Cambridge University Press. 1999
[2] Idem
[3] Por ejemplo, a pesar de la explosiva popularidad que ha ganado internet en sólo unos cuantos años, es sólo el XX de la población de México la que lo puede tener acceso regular.
[4] Definición de “espectáculo”, según la enciclopedia Espasa Calpe.